lunes, 19 de noviembre de 2012

Entre Neruda, Calderón y la vida diaria: Rondin Nocturno de Manuel Cuen




EL RONDIN DE MANUEL CUEN

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 




 
 
 

Por Benjamín Valdivia* 

Vigilante de un mundo en la noche, el poeta hace la ronda, efectúa el rondín por las sorpresas de la materia. Así es como se fragua el rondín nocturno.
La noche tiene relación arquetípica con el terror y con el placer. Manuel Cuen asume la noche desde la tintura erótica, no desde el temor. Sin embargo, en esa travesía por los ámbitos de la noche, las imágenes son de corte luminoso; el fuego, la luz, el reflejo, el retrato, cosas todas ellas visibles y contrapuestas a lo sombrío. Y es que los poemas van más por la senda del júbilo que por la del asombro. El rondín por la sombra define al poeta como un ser de luz. El propio autor así lo asume y lo define desde el primer poema, nominado “piel de Incendio”: Soy ese filo de luz / posado en la ventana / de las horas.
¿Cómo es posible tanta luz en tanta noche? Cuen señala la causa del portento: porque en la noche hay desnudez, despojamiento, abismo. Y “porque sin duda / ahí habita Dios”. En ese habitar sagrado, el templo de la piel directa, los amantes encuentran verdadera definición: “vestida no eres nadie / vestida no eres nada”. Ese tiempo del amor es eterno pero breve, viso de otras vivencias que necesariamente concluyen con la fugacidad. El amor es “Guadaña / de un tiempo infinito” porque los cuerpos, aun los luminosos, están destinados a desaparecer, a matar con su muerte la infinitud.
La poesía de Manuel Cuen se mueve en un campo sensible: son los sentimientos los que acumulan el sentido de las palabras. A veces son arrebatados por la epidermis, a veces llegan a tocar un centro profundo.
Pero en ambos casos tienen como soporte un sentimiento muy específico: deseo erótico, angustia, malicia, ensoñación. Algunos versos extienden la idea que ya se había condensado en otros, aflojando un poco la intensidad. La intensidad concentrada, que es un sitio áspero:
“Aquí es muy dificil entrar
Casi todos se quedan afuera”.

En varias ocasiones podemos mirar versos de alusión directa: faldas, soles, pelo, musas, y finalmente “pedazos de ilusiones”. En otras ocasiones el coloquialismo tunde el poema y lo empuja hacia el habla de todos los días: “tiene la cara lisita, lisita /y sus ojos tan poquitos / metidos en el costal / de su flacura” con lo cual se comprueba el peso que tiene el prosaísmo en este autor, en el que incluso las referencias a la tradición son puestas en el entredicho de la realidad cotidiana: “la verdad sospechosa / siempre sospechosa / de tu delgadez”. Entre Neruda, Calderón, y la vida diaria no impide que surjan rescoldos de misteriosas apariciones, como en el poema llamado “Tiempos de extravío”: “Desnuda la intención del noveno sol / seis rosas encendidas”.
Esculcar, campito, juego, sueno, son palabras que se arremolinan para evidenciar una poesía que tiene como puntos del triangulo de sus configuraciones lo erótico, lo lúdico y lo coloquial. En el centro de ese triangulo, se proyectan hacia el futuro nuevos poemas.

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